Ah, la vida universitaria. Estoy cursando mi maestría en una de las dos universidades anglófonas de la ciudad pero, por sugerencia de mi asesora de tesis, inscribí una clase en la Université de Montréal (francófona). Yo diría que es como tomar la mitad de las clases en cualquier universidad privada del DF y la otra en mi añorada Máxima Casa de Estudios.
Los miércoles que voy a la UM me transporto a la H. Facultad de Filosofía y Hierbas: los cubículos de estudiantes, los anuncios de cineclubes, los compañeros repartiendo folletos de resistencia huelguística ante la amenaza del aumento de colegiaturas en la cafetería, vestimenta relajada -por no decir descuidada, digamos valemadrista-...
Después regreso a McGill y todo es más serio, gente vestida con atuendos fresoides, no hay ruido en los pasillos, todos son "low talkers", los policías hacen rondas contínuas por cada piso de la biblioteca...
Les pregunté a mis compañeros locales de ambas escuelas si notaban la diferencia y me dí cuenta que, por lo menos en ese aspecto educativo, los anglo canadienses y los franco canadienses conviven ignorándose mutuamente; ninguno había ido a la otra universidad, ni siquiera a la biblioteca o a buscar a algún amigo. Viven voluntariamente en el régimen de separación de repúblicas.